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La agricultura en La Alpujarra

Introducción    Alternativas    Las acequias 

   La agricultura y las infraestructuras agrarias alpujarreñas se caracterizan por que el medio agrícola se ha ido adecuando al suelo, disponibilidad de agua y fisiografía a través de una penetrante participación del hombre. La construcción de bancales sujetados por balates de piedra hace que un territorio que sólo podría dedicarse a actividades forestales y/o ganaderas se convierta en una zona netamente agrícola. La pericia en la captación y reparto del agua de las cumbres hacia las zonas bajas permite desarrollar una agricultura de regadío de un nivel productivo imposible de mantener en base a las medianas-escasas precipitaciones de la comarca. La combinación de actividad ganadera y agrícola ha permitido mantener un nivel de fertilidad en los suelos que no tendrían por sus características edafológicas originales.

    El trabajo cotidiano de agricultores a lo largo de la historia y prehistoria de esta comarca ha hecho de esta tierra una fuente de productos agrícolas de alto interés, tanto en el ámbito cualitativo como cuantitativo. La presencia de espacios muy diferentes, motivados por la fisiografía del territorio (bruscos cambios de altitud, zonas quebradas, barrancos, ...) junto al manejo del agua, permite cultivar una amplia gama de variedades hortícolas y frutales

que poco a poco están siendo desplazadas por variedades en principio más productivas o más atractivas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las nuevas variedades no han pasado el filtro de la selección y adaptación a las condiciones bioclimáticas y edafológicas.

   El espacio en cuestión, aún no ha sido "maltratado" por técnicas de cultivo intensivas (uso de pesticidas, abonos químicos, reguladores del crecimiento, etc.) y posee una magnífica oportunidad de dirigir sus esfuerzos hacia la obtención de productos con una doble garantía de calidad: procedencia de zonas de montaña con prácticas agrícolas tradicionales, y que pueden servirse al consumidor garantizándole la ausencia de sustancias químicas agresivas con el medio ambiente.  Adicionalmente, se apoya la calidad en una de las líneas maestras de la Política Agraria Comunitaria, que es el mantenimiento de la población en el medio rural en condiciones dignas de trabajo y nivel de vida.

  El mantenimiento de la población en esta zona repercutirá favorablemente en el mantenimiento del paisaje, entendido como concepto global, ya que es el resultado de la interacción del hombre con el medio natural, hecho de especial importancia en una comarca con territorios declarados Parque Natural y Parque Nacional.

   Alternativas   

    Durante las sequías de los años 80 y 90 crece, por desgracia, en el ánimo de muchos agricultores la cementación y/o entubamiento de las acequias, así como el encofrado de grandes balsas, con la finalidad de mantener el caudal y de reducir los trabajos que el sistema tradicional precisa. Desde el punto de vista ambiental, estético, paisajístico y turístico, estas actuaciones se pueden catalogar de catastróficas: modificación de los ciclos del agua, desecación de pastizales y arboledas, así como fuentes y manantiales tradicionales, ...

  Por otro lado, si no se procede ningún tipo de mejora, las explotaciones existentes y otras potenciales se abandonarán y agricultores, Comunidades de Regantes y sus acequias y balsas serán una entelequia del pasado a medio plazo, consiguiendo el mismo efecto que en el punto anterior.

  Cabe una precisa reorientación tanto de cultivos, mejora de infraestructuras, aplicación de técnicas de marketing agrario, ecoagroturismo... y la potenciación y revalorización de la agricultura tradicional y la ecológica, como alternativas sostenibles.

Las acequias

   La Alpujarra, está fuertemente condicionada y unida al papel de las acequias que recorren sus laderas en todas direcciones y altitudes, y esa relación es tan fuerte, que sería muy difícil imaginar una Alpujarra sin este ir y venir del agua por las laderas de Sierra Nevada. Una paisana de Los Bérchules decía que "en La Alpujarra los pantan0s los tenemos bajo tierra".

 

    Toda la infraestructura de regadíos de Sierra Nevada, se debe al esfuerzo continuo del hombre desde épocas remotas, debido a la necesidad de abastecimiento para los cultivos en una zona en la que las precipitaciones estivales son muy escasas.  

   Básicamente, el sistema se basa en retener el mayor tiempo posible las aguas del deshielo de la Alta Montaña, para su utilización posterior en la estación veraniega. El método para retener estas aguas, es favorecer las filtraciones en unas zonas muy concretas, realizando el llamado careo, en primer lugar en los borregiles (ayudando a mantener estos ecosistemas únicos por su flora y fauna asociadas), y en segundo lugar, y más abajo, en otros pastizales, zonas de arboleda e incluso dirigiendo el agua hacia zonas de fractura y calizas, denominadas en algunos pueblos simas guiaderos para que recarguen acuíferos y reforzar fuentes y manantiales inferiores.

   El método de careo descrito anteriormente se complementa con una extensísima red de acequias de diferentes tipos: acequias de careo, y las principales y secundarias que llevan el rico elemento hacia las fincas agrícolas, manteniendo el caudal por medio de múltiples balsas distribuidas estratégicamente. Debido a estas diferentes funciones algunas acequias se impermeabilizaban, utilizando siempre elementos de la zona como lajas de pizarra, piedras y launas.

    Las acequias tradicionales poseen un papel imprescindible en el mantenimiento de los ecosistemas de Sierra Nevada.