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Tradiciones y folclore en La Alpujarra |
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Dentro del calendario festivo alpujarreño, se celebran las tradicionales Fiestas de Moros y Cristianos en un buen número de poblaciones. Son representaciones teatrales de calle en las que participa todo el pueblo (de actor o de espectador) y se conmemora la "victoria" por la fuerza del cristianismo sobre el islam, con gran despliegue de pólvora y tambores. |
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Se representan el 25 de agosto en Albondón, el último domingo de Agosto en La Alquería de Adra, el 3 y 4 de diciembre en Bayárcal, el sábado próximo al 13 de junio en Cojáyar, el 3º fin de semana de agosto en Jorairatar, el 2º fin de semana de agosto en Juviles, el fin de semana próximo al 20 de enero en Laroles, el 11 y 12 de enero en Picena, el sábado cercano al 13 de junio en Trevélez, el 25 de abril en Turón y el 15 de septiembre en Válor. |
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En cuanto al folclore, existe una gran tradición por la música de cuerda (laudes, guitarras y bandurrias), sobre todo en La Alpujarra más serrana, que se ponía de manifiesto en bautizos, bodas, comuniones, reuniones, pasacalles, rondas y serenatas, en las que se interpretaban y se bailaban pasodobles, habaneras, polcas, mazurcas, rumbas, etc. según la música que estuviera de moda por la información que traían viajeros y emigrantes. Destacaban también las "canciones de rueda y corro", "el enreillo", "canciones de mecedores", etc. que servían a mozos y mozas, no sólo para demostrar las aptitudes y talle, también mostrar las preferencias o desdén hacia alguno/a de los concurrentes por medio de gestos y posturas "secretas". Durante las faenas del campo, se cantaban los llamados "remerinos", mientras que por sendas y caminos "los cantos de los muleros" inundaban los valles, con estrofas entrecortadas y largos silencios intercalados con algún improperio y ánimos al animal.
Una de las manifestaciones más originales son sin lugar a dudas, los trovos alpujarreños: partiendo de un tema cualquiera, dos troveros/as cantan quintillas (estrofas de cinco versos, "más o menos" octosílabos) replicándose el uno/a al otro/a; los versos surgen de forma espontánea y no preparada, puesto que se debe proponer/rebatir lo que ha cantado el /la otro/a trovero/a, hasta que uno/a abandona, pudiendo ser sustituido por otro/a.